
32 años del Mirador Cabeza de Indio: un rincón donde habita la memoria de las sierras
El Mirador logró algo que pocos consiguen: traspasar el tiempo sin perder la esencia. Cada visita es una experiencia que va más allá de comer.
Hay lugares que no necesitan publicidad para hacerse eternos. Lugares que se quedan grabados en la memoria colectiva porque no son solo un punto en el mapa, sino un refugio de sabores, emociones y recuerdos. Uno de esos lugares es, sin dudas, el Mirador Cabeza de Indio, que hoy celebra 32 años de historia.
Recuerdo cuando este rincón de Pasos Malos era apenas una idea y un desafío para la familia Garro. Nadie imaginaba que, con el tiempo, se transformaría en uno de los espacios más queridos de nuestras sierras de los Comechingones. Lo que nació como un sueño se convirtió en una tradición.
El Mirador logró algo que pocos consiguen: traspasar el tiempo sin perder la esencia. Cada visita es una experiencia que va más allá de comer. Es volver a probar el pan casero tibio que sale del horno, sentir el aroma de una carne al pozo o al disco cocinada con paciencia, como lo hacían nuestros abuelos, y compartir una copa de vino en esos clásicos pingüinos de barro que saben a familia y amistad.
¿Cómo no emocionarse al recordar aquellas peñas de los jueves, cuando la luz venía de candelabros y de un par de soles de noche, y el sonido lo empujaba un pequeño generador? Era en esas noches cuando el Mirador se vestía de magia: una empanada de chivo, una guitarra sonando y las risas que tejían comunidad.
Hoy, 32 años después, el Mirador Cabeza de Indio no solo sigue de pie, sino que sigue siendo el alma de nuestra identidad serrana. En cada sonrisa de la familia Garro hay una invitación sincera a sentirnos en casa, a reencontrarnos con nuestras raíces y a celebrar lo más simple: el placer de estar juntos alrededor de una mesa.
Feliz cumpleaños, familia Garro! Feliz cumpleaños, Mirador Cabeza de Indio!
Fuente: El Observador.