
Audaz robo en el Louvre: desaparecen joyas imperiales de Napoleón y la última reina de Francia
Un comando de cuatro encapuchados irrumpió en la galería de Apolo del Museo del Louvre y robó nueve piezas únicas del siglo XIX, símbolo del esplendor imperial francés.
En un golpe de película, cuatro hombres encapuchados ingresaron al Museo del Louvre por un balcón, utilizando una escalera y una radial, y en apenas siete minutos se llevaron nueve joyas imperiales de un valor histórico incalculable.

Entre las piezas sustraídas figuran la diadema de la emperatriz Eugenia de Montijo, regalo de bodas de Napoleón III en 1853, engarzada con 212 perlas y 2.000 diamantes, y el collar y los pendientes de esmeraldas de la emperatriz María Luisa, que en conjunto reúnen 38 esmeraldas y más de mil diamantes. También desaparecieron la tiara de María Amelia, última reina de Francia, y las joyas de zafiros de la reina Hortensia, madre de Napoleón III.
La única pieza recuperada hasta el momento es la corona de Eugenia, compuesta por 1.354 diamantes y 56 esmeraldas, que los asaltantes perdieron durante la huida. Fue donada al Louvre en 1988 por el mecenas Roberto Polo, quien la había adquirido en una subasta.
Los expertos aseguran que las joyas, pertenecientes al siglo XIX, representan la cima del arte orfebre francés y son prácticamente imposibles de revender, ya que cada piedra y engarce está catalogado. “Solo podrían desmontarlas o fundirlas, pero eso destruiría su valor patrimonial”, advirtió Alexandre Giquello, comisario de la casa de subastas Drouot.
La policía francesa mantiene una búsqueda internacional para dar con los autores del robo, considerado uno de los más audaces en la historia reciente del museo. Mientras tanto, Francia asiste con estupor a la pérdida de un símbolo de su esplendor imperial.
