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Día de la Maestra Jardinera: la voz entrañable de Martita Martínez y el amor que florece en cada sala

La docente del Jardín "Florcitas del Chañar", celebró el Día de la Maestra Jardinera destacando la vocación, el trabajo en equipo y el vínculo amoroso con las familias.

Día de la Maestra Jardinera: la voz entrañable de Martita Martínez y el amor que florece en cada sala

La docente del Jardín "Florcitas del Chañar", celebró el Día de la Maestra Jardinera destacando la vocación, el trabajo en equipo y el vínculo amoroso con las familias.

En el marco del Día de los Jardines de Infantes y de la Maestra Jardinera, el aire se llenó de ternura y gratitud con la cálida entrevista que ofreció Martita Martínez, docente del jardín "Florcitas del Chañar" de la Escuela Pueblo Comechingón. Con la emoción a flor de piel y una trayectoria sembrada de recuerdos, Martita compartió en diálogo con Sergio un viaje emotivo por su vocación, su equipo y los pequeños grandes protagonistas: los niños.

“¿Quién no nos conoce a las jardineras que somos tan bochincheras?”, dijo entre risas, destacando el espíritu alegre y comprometido que atraviesa su trabajo cotidiano. Junto al equipo docente —agrandado desde el año pasado con la incorporación de la salita de 3 años— Martita celebra un espacio que prioriza el amor, la empatía, la contención y la risa, pero también el límite y el aprendizaje con sentido.

“La profesión que más satisfacción te da”, definió al jardín, evocando con emoción los reencuentros con exalumnos convertidos en adultos, incluso en padres que ahora confían en ella la educación de sus propios hijos. “Un abrazo y un ‘te quiero, seño’, es un reconocimiento que no se compara con nada”, aseguró.

Martita también puso énfasis en el papel clave de las familias y el entorno social. En tiempos donde la rutina agitada y las dificultades económicas afectan los vínculos, el jardín se vuelve un sostén fundamental. “La educación no se hace sola, se hace entre todos”, expresó, subrayando que las puertas del jardín están siempre abiertas al diálogo, a la inclusión y al acompañamiento genuino.

Durante la charla, no faltaron las anécdotas llenas de color y sinceridad infantil, como aquella en la que un niño desmintió sin filtro el motivo del retraso matinal de su familia. O la reflexión de un pequeño que, en medio de una corrección, le recordó a la seño: “tenés que tener paciencia”. “Una cosa es la paciencia, otra marcar el límite”, respondió Martita, reafirmando la importancia del respeto mutuo y el desarrollo emocional desde la primera infancia.

También hubo espacio para recordar los desafíos vividos durante la pandemia, cuando desde sus hogares las maestras sostuvieron el vínculo educativo con creatividad, esfuerzo propio y recursos escasos. “Pagamos materiales en cuotas desde el bolsillo porque ya estaban pedidos y había que cumplir”, rememoró con orgullo.

La entrevista cerró con un saludo entrañable de dos alumnos de sala, Francisco y Martina, que entre juegos y palabras dulces le pusieron voz al amor que sienten por sus maestras: “nos hacen felices, nos hacen divertir… ¡las queremos un montón!”.

Martita, con humildad, dedicó su saludo a todas las jardineras de Merlo y la zona. Y dejó un mensaje de enorme sensibilidad: “Mientras podamos mantener la sonrisa y compartir con nuestros chicos, es porque estamos aptas para estar frente a la sala. Cuando nos cueste levantarnos, es momento de dar un paso al costado y dejar lugar a las más jóvenes”.

Una historia viva de vocación, compromiso y ternura que florece cada mañana entre juegos, canciones y aprendizajes. Un homenaje en palabras a quienes, como Martita Martínez, cultivan futuro en cada gesto.

Fuente: Sergio Bringas.

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