
Muere el Papa Francisco, el pontífice reformista que deja un legado de tolerancia y paz eternidad.
El Papa Francisco, el primer pontífice jesuita y latinoamericano, ha fallecido dejando tras de sí una huella indeleble en la historia de la Iglesia católica y del mundo contemporáneo.
Nacido como Jorge Mario Bergoglio en Buenos Aires, Argentina, en 1936, fue elegido como sucesor de Benedicto XVI tras su histórica renuncia, en un cónclave que necesitó cinco votaciones antes de liberar la esperada fumata blanca. Con humildad, Bergoglio se presentaba entonces con las palabras que resonaron por décadas: “Parece que mis hermanos cardenales tuvieron que ir casi hasta el fin del mundo para encontrarme. Pero aquí estamos”.
Desde aquel 13 de marzo de 2013, Francisco marcó un antes y un después en el Vaticano. Fue el Papa de los gestos, de los pobres, de los refugiados, de los descartados. Lavó los pies a migrantes, denunció la “miseria moral” del capitalismo salvaje, y se pronunció abiertamente contra los gobiernos que cierran sus puertas a quienes huyen de la guerra y el hambre. Su nombre, elegido en honor a San Francisco de Asís, anticipaba su vocación: una Iglesia pobre para los pobres.
Un camino desde el sur
Bergoglio, hijo de inmigrantes italianos y el mayor de cinco hermanos, tuvo una juventud marcada por la fe, pero también por el esfuerzo y la vocación de servicio. Estudió química, trabajó en un laboratorio, y a los 20 años decidió ingresar al seminario de Villa Devoto. Una pulmonía severa lo obligó a una operación que le dejó un solo pulmón funcional, pero eso no detuvo su vocación. Ingresó a la Compañía de Jesús, estudió Humanidades en Chile, y a su regreso a Argentina se convirtió en superior provincial de los jesuitas. Enseñó Literatura, Psicología, Teología y Filosofía, dejando huella como pensador profundo y guía espiritual.
Reformador entre luces y sombras
Su pontificado no estuvo exento de tensiones. Su lucha frontal contra los abusos sexuales dentro de la Iglesia marcó un hito. Reconoció públicamente el encubrimiento clerical, comparando los abusos con “una misa negra”, y en 2019 eliminó el secreto pontificio para estos casos, abriendo las puertas a la Justicia. También defendió a las personas homosexuales y sus derechos, aunque más adelante causó controversia al utilizar una expresión ofensiva en una reunión con obispos italianos. Pidió disculpas, y el Vaticano avanzó luego en nuevas directrices que permitieron el ingreso de hombres abiertamente homosexuales al sacerdocio.
Francisco también fue categórico respecto al aborto, al que calificó de “homicidio” sin eufemismos. Al mismo tiempo, enfrentó las sombras financieras del Vaticano, promoviendo una comisión ética para revisar inversiones y limpiar el Banco Vaticano de décadas de sospechas.
Voz de paz en tiempos de guerra
Durante el conflicto entre Rusia y Ucrania, el Papa intentó ser puente. Reprochó duramente al patriarca Kirill por su cercanía con el Kremlin, al que llamó “monaguillo de Putin”, y envió emisarios de paz a Kiev. Se reunió con Zelenski y trabajó activamente por un diálogo que aún parece lejano.
Canonizaciones, apertura y legado
Bergoglio será recordado también como el Papa de las canonizaciones: más de 900 santos fueron proclamados bajo su guía. Consciente de la necesidad de continuidad, eligió a la mayoría de los cardenales que deberán elegir a su sucesor, modelando así el futuro de la Iglesia. Su último gesto fue la publicación de una autobiografía, una primera vez en la historia pontificia, en la que dejó testimonio de su fe y su humanidad.
La salud de Francisco fue motivo de preocupación constante en sus últimos años. Las cancelaciones de viajes y apariciones públicas se volvieron frecuentes. Sin embargo, su energía para liderar no decayó. Eligió a 21 nuevos cardenales en su última ronda de nombramientos, asegurando que su legado no quedaría huérfano.
“El amor permanece para siempre”
Francisco muere dejando un pontificado marcado por la compasión, la inclusión, y una firme intención de reconciliar a la Iglesia con el siglo XXI. Su frase favorita, repetida tantas veces desde el balcón de San Pedro hasta los rincones más humildes del planeta, sintetiza su visión del mundo: “El amor permanece para siempre, quien hace el bien invierte para la eternidad”.
El mundo despide a un líder espiritual sin precedentes, un pastor que desde el fin del mundo llegó para cambiarlo todo.